Estimados amigos, comienzo este pequeño blog en el cual haré recopilación de cuentos que según
mi gusto, considero interesantes.
Inicio con este en particular que tiene una serie de correcciones mías, ya que
las versiones originales que
estaban en la web tienen varios errores gramaticales y de ortografía que hacía muy
dificultosa su lectura.
Ghouls!
Guls! Ghuls!!
Elijan
cualquiera de las tres palabras, ambas significan lo
mismo.
Estos
seres figuran en las leyendas del medio oriente como una mezcla de vampiros, caníbales, hombres
lobos y zombies que acarrean desgracias a quienes se topan con ellos y están relacionados a diversas mitologías de ultratumba. Ellos, en
sus cuentos tienen la capacidad cambiar de forma a
voluntad y así hacerse pasar por otras personas, a las que devoran de
una forma muy sanguinaria y visceral.
En otros relatos estos personajes hacen su aparición con una forma muy similar a la de los zombies contemporáneos, solo que con la habilidad de poseer poderes mágicos que pueden alterar la percepción de la realidad de los que se topan con ellos.
En otros relatos estos personajes hacen su aparición con una forma muy similar a la de los zombies contemporáneos, solo que con la habilidad de poseer poderes mágicos que pueden alterar la percepción de la realidad de los que se topan con ellos.
Y
en esta oportunidad tendremos la posibilidad de leer un relato muy interesante
en el cual figura uno de estos personajes.
Este
cuento pertenece al fabuloso libro Las mil y una noches. Curiosamente este
cuento en particular no es muy conocido y pude encontrarlo gracias a un blog en
el que figuraba un estudio sobre los primeros cuentos con connotaciones vampíricas
que se podían encontrar en diversos libros de leyendas y mitos.
La primera vez que leí
este cuento sentí que había encontrado un tesoro al estilo de las viejas
historias de vampiros que me gustan, aquellas donde estos seres si representan
la maldad en toda su expresión.
Lastimosamente las dos
versiones que encontré estaban en muy malas condiciones, en uno se notaba había
sido transcrito de forma electrónica y eso daba un gran margen de error que
interrumpía la lectura; así que decidí corregir el cuento yo misma. Arregle algunos
párrafos y me tomé la libertad de completar algunas descripciones que consideré
necesarias para agregarle al cuento un buen hilo narrativo. Obviamente no
alteré ni el mensaje ni el contexto, solo lo hice mas legible y estéticamente más
agradable.
Hice las correcciones basándome en
dos textos; uno que pillé hace mucho y que lastimosamente he perdido la
dirección de página web donde figuraba (que al parecer ya no existe). En este primer escrito
que encontré, las descripciones del cuento eran más detalladas, mejor
explicadas y tenían un toque estético mucho más cuidado que
las otras versiones que encontré del cuento en otros blogs.
Así que al final
hice la corrección con los dos textos, el resultado es una
mejora considerable de lo que podíamos encontrar en la web,
de este cuento que siempre me pareció fascinante.
He estado buscando
alguna versión impresa de Las Mil y Una Noches que contenga este
cuento, pero creo que no he tenido suerte, se que en la versiones mas
completas debe figurar... cosa costosa porque esas versiones salen un
ojo de la cara, así que por el momento esta versión
corregida me parece bastante pasable.
Bueno aquí les
adjunto el cuento, espero que le guste!
https://es.wikisource.org/wiki/Las_mil_y_una_noches:0934
Saludos!
Las mil y una noches
Noche 937
El Ghul (primera parte)
Una vez ¡oh rey del tiempo!
había un sultán que tenía una hija. Y la tal princesa era hermosa, ¡tan hermosa era que estaba muy solicitada!, muy cuidada además y muy mimada. También era muy revoltosa. Por
eso se llamaba Dalal.
Un día estaba sentada y se rascaba la cabeza. Se encontró en
la cabeza un piojo pequeño. Le miró un rato, luego se levantó, le cogió en sus
dedos y fue a la despensa, en donde había hileras de tinajones de aceite, de
manteca y de miel. Destapó un tinajón de aceite, dejó delicadamente el piojo en
la superficie, volvió a poner la tapa de la tinaja, encerrando así al piojo, y
se marchó.
Transcurrieron los días y los años. La princesa Dalal llegó a
cumplir los quince años, habiendo olvidado, desde mucho tiempo atrás, el piojo
y su encarcelamiento en la tinaja.
Pero llegó un día que el piojo rompió la tinaja a causa de su
gordura, y salió de allí, semejante a un búfalo del Nilo en el tamaño, los
cuernos y el aspecto. Y el guardián, apostado a la puerta de la despensa, huyó
aterrado, llamando a los criados con grandes gritos. Acosaron al piojo, le
cogieron por los cuernos y le condujeron ante el rey.
Y el rey preguntó:
-¿Qué es esto?
Y la princesa Dalal, que estaba
allí de pie, exclamó
-¡Ay! ¡Si es mi piojo!
Y el rey, estupefacto, le
preguntó
- ¿Qué dices, hija mía?
Ella contestó
-Cuando era pequeña, me rasqué
un día la cabeza, me encontré en la cabeza este piojo. Entonces le cogí y fui a
meterle en la tinaja de aceite. Ahora se ha puesto gordo y grande; ha roto la tinaja.
Y el rey, al oír aquello, dijo a su hija.
- Hija mía, al presente tienes
necesidad de casarte. Porque, lo mismo que el piojo ha roto la tinaja, corres
tú el riesgo de saltar el muro e ir en busca de hombres. Por eso lo mejor al
presente es que yo te case. ¡Alah proteja nuestros blasones!"
Luego se encaró con su visir y
le dijo:
- Degüella al piojo, desuéllale
y cuelga su piel a la puerta del palacio. Y llevarás contigo a mi porta alfanje
y al jeique de los escribas de palacio, encargado de los contratos de
matrimonio. Y se casará con mi hija el que advierta que la piel colgada es una
piel de piojo. Pero al que no conozca la piel, se le cortará la cabeza y se
colgará su piel a la puerta, junto a la del piojo".
El visir degolló al piojo acto seguido, le desolló, y colgó la
piel a la puerta del palacio. Luego despachó un pregonero, que gritó por la
ciudad.
-El que conozca qué piel es la
que hay colgada a la puerta del palacio, se casará con El Sett Dalal, la hija
del rey. Pero al que no la conozca, se le cortará la cabeza"
Y desfilaron ante la piel del piojo muchos habitantes de la
ciudad. Y dijeron unos.
- Es la piel de un búfalo- Y se
les cortó la cabeza.
Y dijeron otros.
- "Es la piel de un revezo.
Y se les cortó la cabeza.
De tal suerte, se cortaron
cuarenta cabezas, y se colgaron junto a la piel del piojo cuarenta pieles de
hijos de Adán…
Entonces un día pasó un joven misterioso…
que era tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Y
preguntó a la gente:
- ¿A qué obedece esta
aglomeración delante del palacio?"
Y le contestaron.
-¡El que sepa de quién es esta
piel se casará con la hija del rey!
Y el joven con paso firme se
acercó al visir, al porta alfanje y al jeique de los escribas, que estaban
sentados bajo la piel, y les dijo:
-¡Yo os diré qué piel es ésa!
Y le contestaron:
-Está bien.
El les dijo
- Es la piel de un piojo
crecido en aceite.
Y ellos le dijeron asombrados:
-¡Es verdad! Entra, ¡oh bravo!
y haz el contrato de matrimonio en el aposento del rey.
Y entró él a presencia del rey,
y le dijo.
-Es la piel de un piojo crecido
en aceite.
Y el rey dijo impresionado por
la seguridad con la que enunciaba esas palabras el joven que tenía en frente.
Entonces se levantó emocionado el rey y clamó aplaudiendo.
- ¡Es verdad! ¡Extiéndase el
contrato de matrimonio de este bravo con mi hija Dalal!
Y se extendió el contrato en aquella hora y en aquel instante. Y
se celebraron las bodas.
El joven canopeano penetró en
la cámara nupcial, y compartió con la virgen Dalal. Y ella quedó muy contenta y
prendada en los brazos del joven que era hermoso como la estrella Canopea
cuando brilla sobre el mar.
Estuvieron juntos en palacio cuarenta días, al cabo de los
cuales entró el joven en el aposento del rey y le dijo.
-Soy hijo de un rey y sultán, y
quisiera llevarme a mi esposa y partir para el reino de mi padre, y quedarme en
nuestro palacio.
El rey intentó disuadirlo, tras de insistir
por retenerle todavía algún tiempo, pero fue inútil el joven tenía una
determinación de hierro; el rey acabó por decirle.
-Está bien…-. Y añadió- Mañana,
hijo mío, te daremos regalos, esclavos y eunucos.
Y el joven contestó.
-¿Para qué? Tenemos muchos, y
no quiero nada más que a mi esposa Dalal.
Y el rey le dijo.
- Está bien. Llévatela, pues, y
márchate. Pero también te ruego que también te lleves con ella a su madre, para
que sepa su madre dónde vive su hija, y vaya a verla de cuando en cuando. El
joven contestó.
-¿Para qué vamos a fatigar
inútilmente a su madre, una mujer de edad? Yo me comprometo a traer aquí a mi
esposa cada mes para que la veáis todos.
Era tan hábil el joven hablando
con destreza sobre sus planes, que terminó convenciendo al rey, el cual se
despidió de su hija esa noche.
Y el joven se llevó a su esposa
Dalal y partió con ella para su país.
Pero aquel joven tan hermoso no era otra cosa que un ghul entre
los ghuls, y de la especie más peligrosa. Llevó a Dalal a su casa, que estaba
situada en soledad, en la cima de una montaña desértica, una vez acomodados allí,
el joven se dispuiso a salir a realizar sus actividades diarias y dejó sola a
su esposa..
Aquel ser se fue penetrando la
noche, fue a batir el campo con plagas, a salir a los caminos, a hacer abortar
a las mujeres encinta, a producir miedo a las viejas, a aterrar a los niños, a
aullar con el viento, a ladrar a las puertas, a chillar en la noche, a
frecuentar las ruinas antiguas, a sembrar maleficios, a gesticular en las
tinieblas, a visitar las tumbas, a husmear muertos, y a cometer mil atentados y
a provocar mil calamidades… Tras de lo cual volvió a tomar su apariencia de
joven y se encaminó a su casa en la mañana.
Abrió la puerta y su joven he
inocente esposa lo esperaba, intrigada al borde del miedo, y la extrañez. El
ghul se acercó a ella y de su costal sacó algo para que ella cocinase en la
cena, puso en manos de su esposa Dalal una cabeza de hijo de Adán, diciéndole:
-Toma esta cabeza, Dalal,
cuécela al horno, y pártela en pedazos para que nos la comamos juntos.
Y ella le contestó disimulando
su horror.
-Pero si es la cabeza de un
hombre… Yo solo como las que son de carnero…
El al ver la reacción de ella quiso
ponerla a prueba y le dijo “No será que mi querida y hermosa esposa desconfía
de su actual esposo por creerle una abominación peligrosa?”.
La joven respondió temblando “No,
como te atreves a asegurar semejante cosa? Si mi querido esposo es tan hermoso
como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Yo simplemente no podría comer
aquella cabeza de hijo de adan por que no me apetece, pero si deseas comértela
tu, puedo guisarla para ti”.
El dijo mirándola de reojo.
-Está bien- Y fue a buscar para
ella un carnero. Y ella los preparó ambos, las dos cabezas y ambos comieron.
Continuaron viviendo completamente solos en aquella soledad,
entregada sin defensa Dalal a aquel ogro joven con apariencia hermosa, y el
ogro entre sus andanzas entregándose a sus fechorías para volver luego a ella
con señales de matanza, de violación, de carnicería y de asesinato.
Y al cabo de ocho días de aquella vida, el joven ghul salió de
casa sonriendo con malicia y después de despedirse de su esposa fingió que partía
lejos nuevamente. Pero no fue así, se detuvo en el retorno del camino y allí se
transformó, tomando la apariencia y la cara de la madre de su esposa; y se puso
vestidos de mujer; y fue de vuelta para su casa a llamar a la puerta.
Y Dalal miró por la ventana y
preguntó asustada.
-¿Quién llama a la puerta?.
Y el ghul contestó con la voz
de la madre, y dijo.
-¡Soy yo! abre, hija mía.
Y ella bajó de prisa y abrió la
puerta. Dalal que en esos ocho días se había puesto delgada, pálida y
desmejorada, recibió a la que creía que era su madre con algo de panico.
El ghul, bajo la forma de la
madre, le dijo, después de los abrazos.
-¡Oh hija mía querida! he
venido a tu casa, a pesar de la prohibición, porque nos hemos enterado de que
tu marido es un ghul que te hace comer carne de hijos de Adán. ¡Ah! ¿Cómo te
va, hija mía? Ahora tengo mucho miedo de que también te coma a ti. ¡Ven, y huye
conmigo!.
Pero Dalal, que no quería
hablar mal de su marido por temor a que él se enterase y vertiese su ira sobre
ella, contestó.
-Calla, ¡oh madre mía! ¡Aquí no
hay ni ghul ni olor de ghul! ¡No digas esas cosas para perdición nuestra! Mi
esposo es un hijo de rey, tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla
sobre el mar. Y me da de comer todos los días un carnero cebado".
El Joven ghul con la forma de
la madre de Dalal miró de reojo a la joven y comprobando su lealtad, se dispuso
a retirarse del lugar con el corazón regocijado.
Y recuperó su hermosa forma
primitiva, y fue a llevarle un cordero, y a decirle.
-¡Toma, manda guisarlo, Dalal!
Ella le dijo.
-Ha venido aquí mi madre. Yo no
tengo la culpa. Y me ha dicho que te salude en su nombre.
El contestó.
-¡Verdaderamente, siento no
haber venido un poco antes para encontrar a la abnegada esposa de mi tío!- Y mirándola
amenazantemente acotó –tu madre a quien no le dirías nada sobre nuestras
actividades recientes, ¿verdad?.
A lo que Dalal respondió.
-¿Cuales querido esposo?, todo
ha sido normal y glorioso desde que vivimos juntos, que podría yo comentarle a
ella que te inoportune?
El ghul miró con satisfacción a
su esposa y mientras terminaba de comer le dijo.
-¿Te gustaría también ver a tu
tía, la hermana de tu madre?
Ella contestó
-¡Oh! ¡sí!
El le dijo.
-Está bien. Mañana te la
mandaré.
Y he aquí que al día siguiente,
cuando despuntó el alba, salió el ghul, se transformó en la tía de Dalal, y fue
a llamar a la puerta. Dalal preguntó desde la ventana.
-¿Quién es?
El le dijo.
-¡Abre, que soy yo, tu tía! He
pensado mucho en ti, y vengo a verte.
Y la joven bajó y le abrió la puerta. Y el ghul, disfrazado de
tía, besó a Dalal en las mejillas, lloró largas y repetidas lágrimas, y dijo.
-¡Ah! ¡oh hija de mi hermana!
¡ah! ¡qué dolores y calamidades!"
Y Dalal preguntó haciéndose a
la extrañada.
-¿Por qué tia?
La tía dijo:
-¡Ay! ¡ay! ¡ay!
La joven preguntó
-¿Dónde te duele, tía mía?
La tía dijo.
-En ninguna parte, ¡oh hija de
mi hermana! ¡Es que sufro por ti! ¡nos hemos enterado de que el individuo con
quien te casaste es un ghul!.
Pero Dalal contestó:
"¡Calla, no digas esas cosas, tía! Mi esposo es hijo de un rey y sultán,
como yo soy hija de un rey y sultán. Sus tesoros son mayores que los tesoros de
mi padre. Y por lo que respecta a su hermosura, es comparable á la estrella
Canopea cuando brilla sobre el mar". Luego le hizo almorzar una cabeza de
carnero, para demostrarle bien que en casa de su esposo se comía carnero y no
hijo de Adán. Y el ghul se marchó, después de almorzar, contento y satisfecho. El
ghul no dejó de volver bajo su apariencia de joven, con un carnero fresco para
Dalal, y con una cabeza de hijo de Adán, recién cortada, para sí mismo.
Dalal le dijo.
-Ha venido mi tía a visitarme,
y me encargó que te saludara
El dijo.
-¡Loores a Alah! Son muy
amables tus parientes, que no me olvidan.¿Quieres mucho a tu otra tía, la
hermana de tu padre?
Ella dijo intentando disimular
sus nervios
-¡Oh sí! La quiero mucho!
El dijo
-Está bien. ¡Yo te la mandaré
mañana, y después ya no volverás a ver a ninguno de tus parientes, porque temo
a lo que ellos puedan hablar a los demás de nosotros. Dicho eso, Dalal se
asustó mucho y aquel brillo de miedo y fría desesperanza que titilaba desde sus
ojos fue captado por el ghul que sintiéndose satisfecho se regocijo para sí
mismo desde su aparente rostro apacible.
Al día siguiente el Ghul se presentó a Dalal
bajo la forma de la tía, hermana de su padre. Y tras de las zalemas y los besos
de una y otra parte, la tía lloró abundantemente y sollozó con mayor
desesperación, y dijo:
-¡Qué desgracia y qué
desolación ha caído sobre nuestra cabeza y sobre la tuya, ¡oh hija de mi
hermano! Nos hemos enterado de que el individuo con quien te casaste es un
ghul. Dime la verdad, hija mía, por los méritos de nuestro Mahomed (¡con El la
plegaria y la paz!)"
Entonces Dalal presa del pánico
no pudo guardar por más tiempo el secreto que la ahogaba, y dijo en voz baja,
temblando y con lágrimas en los ojos.
-¡Calla tía, calla, no vaya a
ser que nos deje él más anchas que largas! Figúrate que me trae cabezas de
adamitas; y como los rehusé, se las come él solo. ¡Ah! ¡Tengo mucho miedo de
que me coma el día menos pensado!"
En cuanto Dalal hubo pronunciado estas palabras, la tía tomó su
verdadera forma, convirtiéndose en el ghul, uno de aspecto tan espantoso que le
puso a rechinar los dientes a la joven del puro terror. Y con esa apariencia
intimidante se acercó a Dalal y le dijo, sin enfadarse.
-¿Tan pronto descubres mi
secreto, Dalal?
Y ella se arrojó a sus pies, y
le dijo.
-¡Me pongo bajo tu protección!
¡Perdóname por esta vez!
Él le dijo.
-¿Me has perdonado tú delante
de tu tía? ¿Y me dejaste con honor? ¡No! No puedo perdonarte. ¿Por dónde
empezaré a comerte?
Ella le contestó.
-Ya que es absolutamente
preciso que me comas, será porque ese es mi destino. Pero hoy estoy sucia; y
será malo para tu boca el sabor de mi carne. Más vale, pues, que por de pronto
me conduzcas al hammam (baño turco) para que me lave en honor tuyo. Y cuando
salga del baño estaré blanca y dulce. Y el sabor de mi carne será delicioso
para tu boca, y entonces podrás comerme, empezando por donde quieras". Y
el ghul contestó: "¡Es verdad, oh Dalal!
Y en aquella hora y en aquel instante le presentó una tina
grande para baño, y ropas de hammam. Luego fue a buscar a un ghul amigo suyo, a
quien convirtió en un borrico blanco, transformándose él mismo en arriero. Puso
a Dalal en el borrico, y salió con ella en dirección al hammam del primer
pueblo, llevando a la cabeza la tina de baño.
Y al llegar al hammam dijo a la celadora del lugar.
-Aquí tienes para ti de regalo
tres dinares de oro, a fin de que hagas tomar un buen baño a esta señora, que
es hija de rey. Y me la devolverás como te la he confiado. Y entregó a Dalal a
la portera, y se quedó afuera, ante la puerta del hammam.
Dalal entró en la primera sala del hammam, que era la sala de
espera, y se sentó en el banco de mármol, muy sola y muy triste, junto a tu
tina de oro y su envoltorio de vestiduras preciosas, mientras entraban en el
baño todas las jóvenes, y se bañaban y se hacían dar masajes, y salían alegres,
jugueteando entre ellas. Y Dalal, lejos de estar contenta como las demás,
lloraba en silencio en su rincón. Y las jóvenes fueron hacia ella, y díjole
cada cual.
-¿Qué te ocurre, hermana mía, y por qué
lloras? Levántate ya, desnúdate y toma un baño con nosotras".
Pero ella les contestó, después de darles gracias.
-¿Acaso el baño puede lavar las
preocupaciones? ¿Acaso puede curar las penas sin remedio?
Y una añadió
- Siempre es tiempo de bajar al
baño.
Entretanto, una vieja vendedora de altramuces y de alfónsigos
tostados entró al hammam, llevando a la cabeza el cuenco de altramuces y
alfónsigos tostados. Y las jóvenes le compraron de aquello, quién una piastra,
quien media piastra, quién dos piastras. Y al fin, por distraerse un poco
comiendo alfónsigos y altramuces, la entristecida Dalal también llamó a la
vieja vendedora, y le dijo:
-Ven, ¡oh tía mía! y dame solamente
una piastra de altramuces.
Y la vendedora se acercó y se
sentó y llenó de altramuces la medida de cuerno de una piastra. Y Dalal, en vez
de darle una piastra, le puso en las manos su collar de perlas, diciéndole:
-Tía mía, toma esto para tus
hijos.
Y como la vendedora se
deshiciera en cumplimientos y besamanos, Dalal le dijo:
-¿Querrías darme tu cuenco de altramuces
y los vestidos rotos que llevas, y tomar de mí, en cambio, esta tina de oro
para baño, mis alhajas, mis trajes y este envoltorio de ropas preciosas?"
Y la vieja vendedora, sin poder
creer en tanta generosidad, contestó
-¿Por qué, hija mía, te burlas
de mí, que soy pobre?
Y Dalal le dijo
-¡Mis palabras para contigo son
sinceras, vieja madre mía!
Entonces la vieja se quitó sus
vestidos y se los dio. Y Dalal se vistió con ellas en seguida, se puso el
cuenco de altramuces a la cabeza, se envolvió con el velo azul hecho jirones,
se ennegreció las manos con el barro del piso del hamman, y salió por la puerta
en que estaba sentado su esposo el ghul.
La joven fingía su gritando con
voz chillona y temblorosa:
-¡Altramuces asados, que
distraen! ¡Alfónsigos tostados que divierten"- como hacen las vendedoras
de profesión.
Cuando estuvo ella lejos, el ghul, que no la había reconocido,
percibió el olor de la joven con su olfato de ghul, y se dijo.
-¿Cómo es posible que el olor
de Dalal resida en esa vieja vendedora de altramuces? ¡Por Alah, voy a ver a
qué obedece!
Y gritó:
-¡Eh, vendedora de altramuces!
¡eh, la de los alfónsigos!
Pero como la vendedora no
volvía la cabeza, se dijo él.
-¡Más vale que vaya a enterarme
en el hammam!
Y fué a preguntar a la
celadora.
-¿Por qué tarda en salir la
señora que te he confiado?
La celadora contestó.
-En seguida saldrá con las
demás señoras, que no se van hasta la noche, porque están ocupadas en
depilarse, en teñirse los dedos con henné, en perfumarse y en trenzarse los
cabellos.
Y el ghul se tranquilizó, y de nuevo fué a sentarse a la puerta.
Esperó pacientemente a que salieran del hammam todas las señoras. Y la celadora
de la puerta salió la última, y cerró el hammam. Y el ghul le dijo.
-¡Eh! ¿qué haces? ¿Vas a dejar
encerrada a la señora que te he confiado?
La mujer dijo:
-Pero si ya no hay nadie en el
hammam, a no ser la vieja vendedora de altramuces, a quien dejamos dormir todas
las noches en el hammam, porque no tiene una yacija.Y el ghul cogió a la
celadora por el cuello, y la zarandeó y estuvo a punto de estrangularla. Le
gritó:
-¡Oh alcahueta! ¡tú responderás
de la señora! ¡Y a ti te la exigiré!
Ella contestó.
-Yo soy celadora de ropas y
babuchas, pero no celadora de mujeres.
Y como le apretara el más fuerte el cuello, se puso a gritar:
-¡Oh musulmanes, socorredme!
Y el ghul empezó a pegarla,
mientras de todas partes acudían los hombres del barrio. Y gritaba
-¡Aunque esté en el séptimo
planeta, me la tienes que devolver!, ¡oh, instrumento de zorras viejas!
Y esto es lo referente a la vieja celadora del
hammam y a la vieja vendedora de altramuces.
¡Pero he aquí ahora lo que atañe a Dalal! Una vez que salió del
hammam y consiguió burlar la vigilancia del ghul, siguió andando para volver a
su país, andando perdida en medio de la desolación del desierto. Y cuando
estuvo a bastante distancia de la ciudad, encontró un arroyuelo en donde se
lavó manos, cara y pies, y se dirigió a una morada que se erguía muy cerca de
allí, y que era el palacio de un rey y allí se desplomó agotada por el
cansancio.
Se sentó junto al muro del palacio. Y una esclava, que había
bajado para hacer un recado, la vio y subió a decir a su señora: "¡Oh mi
señora! si no fuera por el miedo y el terror que te tengo, te diría sin temor a
mentir, que abajo hay una mujer más bella que tú".
La señora contestó: "Está
bien. ¡Ve a decirle que suba!"
Y la esclava bajó y dijo a la
joven Dalal:
"Hey tu! Ven arriba ¡oh
señora! a hablar con mi ama".
Pero Dalal contestó
-Oh como me gustaría, pero
presa del turbación soy y aquello me impide moverme, a quien pueda liberarme de
este temor seguramente mis extremidades responderán, pero mientras tanto desgraciada
estoy puesto que aquel monstruo debe estar viniendo en mi búsqueda y yo en
estas circunstancias.
Y la esclava se fue a contar a
su señora lo que Dalal le había dicho. Entonces la dama llamó a su hijo, el
hijo del rey, y le dijo.
-Baja entonces tú y trae a
aquella dama que está abajo, que parece paralizada del miedo.
Y el joven príncipe, que por su
hermosura era semejante a la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar, bajó
en busca de la joven que yacía postrada con los viejos ropajes, y le dijo:
"¡Oh señora! ten la bondad de subir al harén de mi madre la reina". Y
al verlo Dalal no supo dar crédito a lo que sus ojos revelaban, aquel joven era
tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Cosa que le
hizo temblar y adolecer. El príncipe sin entender se acercó a ella y le miró
con tiernos ojos y le dijo “Mi madre la reina está arriba, con todo su harem,
ya no correrás peligro estimada dama” y al escucharle pudo comprender que se
trataba del verdadero príncipe Canopeo y de buen corazón y aceptó diciéndole.
-Contigo subiré, porque eres
hijo de adan, de un rey y sultán, como yo soy hija de adan, de un rey y sultán.
Y aliviada subió las escaleras
delante de él.
He aquí que, no bien el joven príncipe vió a Dalal subir las
escaleras, tan hermosa, el amor por ella le invadió el corazón
Y por su parte, el alma de
Dalal se conmovió a la vista del joven príncipe. Y a su vez, la dama esposa del
rey, cuando vio a Dalal, dijo para sí.
-Eran exactas las palabras de
la esclava. Es más hermosa que yo, en efecto.
-Quisiera casarme con ella,
porque es evidente que se trata de una noble princesa con sangre de
reyes". Y la madre le dijo.
-Eso es cosa tuya, hijo mío. Tú
debes saber lo que haces.
Y el joven príncipe, le expresó a Dalala el deseo de casarse con
ella y ella aceptó, ese mismo día el príncipe llamó al kadí, y en aquella hora
y en aquel instante hizo extender el contrato de matrimonio y celebrar sus
nupcias con Dalal. Y entró en la cámara nupcial.
Pero ¿qué fue del ghul mientras tanto? Helo aquí.
El mismo día en que se celebraron las bodas, un hombre que
conducía un carnero blanco muy grande, fue a decir al rey, padre del príncipe.
-¡Oh mi señor! soy un
feudatario, y te traigo de regalo, con motivo de las bodas, este gordo carnero
blanco que hemos cebado. Pero hay que tener atado este carnero a la puerta del
harén, porque ha nacido y se ha criado entre mujeres, y si le deja abajo,
balará toda la noche y no dejará dormir a nadie.
Y el rey dijo.
-Está bien, lo acepto- Y dió un
ropón de honor al feudatario, que se marchó por su camino. Y entregó el carnero
blanco al agha del harén, diciéndole- ¡Sube a atar este carnero a la puerta del
harén, porque no le gusta estar más que entre mujeres!
Y he aquí que, cuando llegó la noche de bodas, el hijo del rey
entró en la cámara nupcial y se durmió al lado de Dalal, y una vez estuvieron
juntos, el príncipe salió al escuchar un ruido que provenía de el pasillo que
quedaba cruzando el harem. Una vez hecho esto, el carnero se despertó, rompió
su cuerda y entró en la habitación agresivamente y tomando su maliciosa forma
humana, se acercó a Dalal, que al verlo se horrorizó, el Ghul, agarró a Dalal por
los hombros. Y la sacó al patio pidiéndole silencio con perspicacia. Le dijo,
sin enfadarse:
"Dime, Dalal, ¿me has
dejado aún algo de honor?"
Ella le dijo: "¡Bajo tu protección! ¡No me comas!”
Él le dijo relamiéndose:
"¡De esta vez no pasa!"
Entonces le dijo ella:
"Antes de comerme, espera a que entre en el retrete del patio para hacer
una necesidad". Y el ghul que detestaba la suciedad dijo: "Está
bien". Y la condujo al retrete y se quedó guardando la puerta en espera de
que acabase.
No bien Dalal estuvo dentro del retrete, elevó ambas manos, y
dijo.
-¡Oh Nuestra Señora Zeinab,
hija de nuestro Profeta bendito! ¡oh tú, que salvas de la desdicha, ven en mi
socorro!"
Y al punto le envió la santa a
la que había aclamado una de sus más poderosas secuaces entre las hijas de los
genn, que hendió el muro, y dijo a Dalal.
-¿Qué deseas, Dalal?
Y Dalal contestó.
-Ahí fuera está el ghul, que va
a comerme en cuanto salga.
La aparecida dijo.
-Si te libro de él, ¿me dejarás
besarte una vez?
Dalal dijo que si.
Entonces la gennia de Sett
Zeinab hendió el tabique del patio, y cayó bruscamente sobre el ghul, aprisionandolo
contra sus agiles brazos. El ghul viéndose atacado intentó luchar contra la
gennia, pero esta era muy diestra y portaba armas muy poderosas.
La gennia no tardó en reducirle
con sus propias manos y el ghul ya no pudiendo aguantar más su farsa cambió de
forma con la intensión de herirla con sus cuernos, garras y colmillos, tomando
la más atemorizante figura que alguna vez hayan mirado los ojos de mortal alguno,
opuso resistencia. La poderosa gennia intentaba inmovilizar al monstruo en el
piso mientras sacaba un cetro de sus ropajes y lo elevaba en alto, después de pronunciar
unas palabras, ella pudo poner uno sus pies sobre el ghul que se retorcía y con
la fuerza del cetro le dio de patadas que le reventaron las carnes y llenaron
todo el lugar con su roja sangre. La semi- diosa tenía uno de sus brazos dentro
de las entrañas del ghul que se encorvaba y se lastimaba. Finalmente cayó él,
muerto de repente.
Entonces la gennia volvió al
retrete y cogió a Dalal de la mano y le mostró al Ghul, tendido en la tierra,
desfigurado y sin vida. Luego le sacaron del patio y le echaron al foso. ¡Y
esto es, en definitiva, lo referente a él!
Y la gennia besó a Dalal una vez en la mejilla, y le dijo.
-Ahora, Dalal, voy a pedirte un
servicio
Dalal contestó
- A tus órdenes, querida.
La gennia dijo.
-¡Deseo que vengas conmigo,
solamente por una hora, al mar de Esmeralda!
Dalal contestó.
-Está bien. Pero ¿para
qué?"
La gennia contestó.
-Está enfermo mi hijo, y ha
dicho nuestro médico que no se curará más que bebiendo una escudilla en el mar
de Esmeralda. Pero nadie puede llenar de agua una escudilla en el mar de
Esmeralda, a no ser una hija de los hombres. Y aprovecho el haber venido a verte
para pedirte ese servicio.
Y Dalal contesto.
-Por encima de mi cabeza y de
mis ojos, con tal de estar aquí de regreso antes que se levante mi esposo.
La gennia dijo.
-Desde luego.
Y la hizo montarse en sus
hombros y la llevó a orillas del mar de Esmeralda. Y le dio una escudilla de
oro. Y Dalal llenó la escudilla con aquella agua maravillosa. Pero, al
retirarla, una ola le mojó la mano, que inmediatamente se le puso verde como el
trébol. Tras de lo cual la gennia hizo subir de nuevo a Dalal en sus hombros, y
la dejó en la cámara nupcial junto al joven. Y esto es lo referente a la secuaz
de Sett Zeinab (¡con ella la plegaria y la paz!)











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