lunes, 28 de noviembre de 2016

EL GHUL - LAS MIL Y UNA NOCHES

Estimados amigos, comienzo este pequeño blog en el cual haré recopilación de cuentos que según mi gusto, considero interesantes. Inicio con este en particular que tiene una serie de correcciones mías, ya que las versiones originales que estaban en la web tienen varios errores gramaticales y de ortografía que hacía muy dificultosa su lectura.

Ghouls! Guls! Ghuls!! 

Elijan cualquiera de las tres palabras, ambas significan lo mismo.




Estos seres figuran en las leyendas del medio oriente como una mezcla de vampiros, caníbales, hombres lobos y zombies que acarrean desgracias a quienes se topan con ellos y están relacionados a diversas mitologías de ultratumba. Ellos, en sus cuentos tienen la capacidad cambiar de forma a voluntad y así hacerse pasar por otras personas, a las que devoran de una forma muy sanguinaria y visceral. 

En otros relatos estos personajes hacen su aparición con una forma muy similar a la de los zombies contemporáneos, solo que con la habilidad de poseer poderes mágicos que pueden alterar la percepción de la realidad de los que se topan con ellos.
Y en esta oportunidad tendremos la posibilidad de leer un relato muy interesante en el cual figura uno de estos personajes.
Este cuento pertenece al fabuloso libro Las mil y una noches. Curiosamente este cuento en particular no es muy conocido y pude encontrarlo gracias a un blog en el que figuraba un estudio sobre los primeros cuentos con connotaciones vampíricas que se podían encontrar en diversos libros de leyendas y mitos.


La primera vez que leí este cuento sentí que había encontrado un tesoro al estilo de las viejas historias de vampiros que me gustan, aquellas donde estos seres si representan la maldad en toda su expresión.

Lastimosamente las dos versiones que encontré estaban en muy malas condiciones, en uno se notaba había sido transcrito de forma electrónica y eso daba un gran margen de error que interrumpía la lectura; así que decidí corregir el cuento yo misma. Arregle algunos párrafos y me tomé la libertad de completar algunas descripciones que consideré necesarias para agregarle al cuento un buen hilo narrativo. Obviamente no alteré ni el mensaje ni el contexto, solo lo hice mas legible y estéticamente más agradable.

Hice las correcciones basándome en dos textos; uno que pillé hace mucho y que lastimosamente he perdido la dirección de página web donde figuraba (que al parecer ya no existe). En este primer escrito que encontré, las descripciones del cuento eran más detalladas, mejor explicadas y tenían un toque estético mucho más cuidado que las otras versiones que encontré del cuento en otros blogs. 

Así que al final hice la corrección con los dos textos, el resultado es una mejora considerable de lo que podíamos encontrar en la web, de este cuento que siempre me pareció fascinante. 

He estado buscando alguna versión impresa de Las Mil y Una Noches que contenga este cuento, pero creo que no he tenido suerte, se que en la versiones mas completas debe figurar... cosa costosa porque esas versiones salen un ojo de la cara, así que por el momento esta versión corregida me parece bastante pasable.

Bueno aquí les adjunto el cuento, espero que le guste!

Adjunto una de las direcciones donde pueden encontrar la segunda versión la cual presenta una escritura muy difícil de seguir debido a todos los errores que tiene (y que es la que figura en internet), pero que de igual forma se agradece que haya sido subida, ya sin esa versión tampoco hubiera podido crear esta versión corregida del cuento. 

https://es.wikisource.org/wiki/Las_mil_y_una_noches:0934

Saludos!


Las mil y una noches
Noche 937
El Ghul (primera parte)

Una vez ¡oh rey del tiempo! había un sultán que tenía una hija. Y la tal princesa era hermosa, ¡tan hermosa era que estaba muy solicitada!, muy cuidada además y muy mimada. También era muy revoltosa. Por eso se llamaba Dalal.
Un día estaba sentada y se rascaba la cabeza. Se encontró en la cabeza un piojo pequeño. Le miró un rato, luego se levantó, le cogió en sus dedos y fue a la despensa, en donde había hileras de tinajones de aceite, de manteca y de miel. Destapó un tinajón de aceite, dejó delicadamente el piojo en la superficie, volvió a poner la tapa de la tinaja, encerrando así al piojo, y se marchó.
Transcurrieron los días y los años. La princesa Dalal llegó a cumplir los quince años, habiendo olvidado, desde mucho tiempo atrás, el piojo y su encarcelamiento en la tinaja.
Pero llegó un día que el piojo rompió la tinaja a causa de su gordura, y salió de allí, semejante a un búfalo del Nilo en el tamaño, los cuernos y el aspecto. Y el guardián, apostado a la puerta de la despensa, huyó aterrado, llamando a los criados con grandes gritos. Acosaron al piojo, le cogieron por los cuernos y le condujeron ante el rey.
Y el rey preguntó:
-¿Qué es esto?
Y la princesa Dalal, que estaba allí de pie, exclamó
-¡Ay! ¡Si es mi piojo!
Y el rey, estupefacto, le preguntó
- ¿Qué dices, hija mía?
Ella contestó
-Cuando era pequeña, me rasqué un día la cabeza, me encontré en la cabeza este piojo. Entonces le cogí y fui a meterle en la tinaja de aceite. Ahora se ha puesto gordo y grande;  ha roto la tinaja.
Y el rey, al oír aquello, dijo a su hija.
- Hija mía, al presente tienes necesidad de casarte. Porque, lo mismo que el piojo ha roto la tinaja, corres tú el riesgo de saltar el muro e ir en busca de hombres. Por eso lo mejor al presente es que yo te case. ¡Alah proteja nuestros blasones!"
Luego se encaró con su visir y le dijo:
- Degüella al piojo, desuéllale y cuelga su piel a la puerta del palacio. Y llevarás contigo a mi porta alfanje y al jeique de los escribas de palacio, encargado de los contratos de matrimonio. Y se casará con mi hija el que advierta que la piel colgada es una piel de piojo. Pero al que no conozca la piel, se le cortará la cabeza y se colgará su piel a la puerta, junto a la del piojo".
El visir degolló al piojo acto seguido, le desolló, y colgó la piel a la puerta del palacio. Luego despachó un pregonero, que gritó por la ciudad.
-El que conozca qué piel es la que hay colgada a la puerta del palacio, se casará con El Sett Dalal, la hija del rey. Pero al que no la conozca, se le cortará la cabeza"
Y desfilaron ante la piel del piojo muchos habitantes de la ciudad. Y dijeron unos.
- Es la piel de un búfalo- Y se les cortó la cabeza.
Y dijeron otros.
- "Es la piel de un revezo. Y se les cortó la cabeza.
De tal suerte, se cortaron cuarenta cabezas, y se colgaron junto a la piel del piojo cuarenta pieles de hijos de Adán…
Entonces un día pasó un joven misterioso… que era tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Y preguntó a la gente:

- ¿A qué obedece esta aglomeración delante del palacio?"
Y le contestaron.
-¡El que sepa de quién es esta piel se casará con la hija del rey!
Y el joven con paso firme se acercó al visir, al porta alfanje y al jeique de los escribas, que estaban sentados bajo la piel, y les dijo:
-¡Yo os diré qué piel es ésa!
 Y le contestaron:
-Está bien.
El les dijo
- Es la piel de un piojo crecido en aceite.
Y ellos le dijeron asombrados:
-¡Es verdad! Entra, ¡oh bravo! y haz el contrato de matrimonio en el aposento del rey.
Y entró él a presencia del rey, y le dijo.
-Es la piel de un piojo crecido en aceite.
Y el rey dijo impresionado por la seguridad con la que enunciaba esas palabras el joven que tenía en frente. Entonces se levantó emocionado el rey y clamó aplaudiendo.
- ¡Es verdad! ¡Extiéndase el contrato de matrimonio de este bravo con mi hija Dalal!
Y se extendió el contrato en aquella hora y en aquel instante. Y se celebraron las bodas.
El joven canopeano penetró en la cámara nupcial, y compartió con la virgen Dalal. Y ella quedó muy contenta y prendada en los brazos del joven que era hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar.

Estuvieron juntos en palacio cuarenta días, al cabo de los cuales entró el joven en el aposento del rey y le dijo.
-Soy hijo de un rey y sultán, y quisiera llevarme a mi esposa y partir para el reino de mi padre, y quedarme en nuestro palacio.
 El rey intentó disuadirlo, tras de insistir por retenerle todavía algún tiempo, pero fue inútil el joven tenía una determinación de hierro; el rey acabó por decirle.
-Está bien…-. Y añadió- Mañana, hijo mío, te daremos regalos, esclavos y eunucos.
Y el joven contestó.
-¿Para qué? Tenemos muchos, y no quiero nada más que a mi esposa Dalal.
Y el rey le dijo.
- Está bien. Llévatela, pues, y márchate. Pero también te ruego que también te lleves con ella a su madre, para que sepa su madre dónde vive su hija, y vaya a verla de cuando en cuando. El joven contestó.
-¿Para qué vamos a fatigar inútilmente a su madre, una mujer de edad? Yo me comprometo a traer aquí a mi esposa cada mes para que la veáis todos.
Era tan hábil el joven hablando con destreza sobre sus planes, que terminó convenciendo al rey, el cual se despidió de su hija esa noche.
Y el joven se llevó a su esposa Dalal y partió con ella para su país.
Pero aquel joven tan hermoso no era otra cosa que un ghul entre los ghuls, y de la especie más peligrosa. Llevó a Dalal a su casa, que estaba situada en soledad, en la cima de una montaña desértica, una vez acomodados allí, el joven se dispuiso a salir a realizar sus actividades diarias y dejó sola a su esposa..

Aquel ser se fue penetrando la noche, fue a batir el campo con plagas, a salir a los caminos, a hacer abortar a las mujeres encinta, a producir miedo a las viejas, a aterrar a los niños, a aullar con el viento, a ladrar a las puertas, a chillar en la noche, a frecuentar las ruinas antiguas, a sembrar maleficios, a gesticular en las tinieblas, a visitar las tumbas, a husmear muertos, y a cometer mil atentados y a provocar mil calamidades… Tras de lo cual volvió a tomar su apariencia de joven y se encaminó a su casa en la mañana.
Abrió la puerta y su joven he inocente esposa lo esperaba, intrigada al borde del miedo, y la extrañez. El ghul se acercó a ella y de su costal sacó algo para que ella cocinase en la cena, puso en manos de su esposa Dalal una cabeza de hijo de Adán, diciéndole:
-Toma esta cabeza, Dalal, cuécela al horno, y pártela en pedazos para que nos la comamos juntos.
Y ella le contestó disimulando su horror.
-Pero si es la cabeza de un hombre… Yo solo como las que son de carnero…
El al ver la reacción de ella quiso ponerla a prueba y le dijo “No será que mi querida y hermosa esposa desconfía de su actual esposo por creerle una abominación peligrosa?”.

La joven respondió temblando “No, como te atreves a asegurar semejante cosa? Si mi querido esposo es tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Yo simplemente no podría comer aquella cabeza de hijo de adan por que no me apetece, pero si deseas comértela tu, puedo guisarla para ti”.
El dijo mirándola de reojo.
-Está bien- Y fue a buscar para ella un carnero. Y ella los preparó ambos, las dos cabezas y ambos comieron.
Continuaron viviendo completamente solos en aquella soledad, entregada sin defensa Dalal a aquel ogro joven con apariencia hermosa, y el ogro entre sus andanzas entregándose a sus fechorías para volver luego a ella con señales de matanza, de violación, de carnicería y de asesinato.
Y al cabo de ocho días de aquella vida, el joven ghul salió de casa sonriendo con malicia y después de despedirse de su esposa fingió que partía lejos nuevamente. Pero no fue así, se detuvo en el retorno del camino y allí se transformó, tomando la apariencia y la cara de la madre de su esposa; y se puso vestidos de mujer; y fue de vuelta para su casa a llamar a la puerta.
Y Dalal miró por la ventana y preguntó asustada.
-¿Quién llama a la puerta?.
Y el ghul contestó con la voz de la madre, y dijo.
 -¡Soy yo! abre, hija mía.
Y ella bajó de prisa y abrió la puerta. Dalal que en esos ocho días se había puesto delgada, pálida y desmejorada, recibió a la que creía que era su madre con algo de panico.
El ghul, bajo la forma de la madre, le dijo, después de los abrazos.
-¡Oh hija mía querida! he venido a tu casa, a pesar de la prohibición, porque nos hemos enterado de que tu marido es un ghul que te hace comer carne de hijos de Adán. ¡Ah! ¿Cómo te va, hija mía? Ahora tengo mucho miedo de que también te coma a ti. ¡Ven, y huye conmigo!.
Pero Dalal, que no quería hablar mal de su marido por temor a que él se enterase y vertiese su ira sobre ella, contestó.
-Calla, ¡oh madre mía! ¡Aquí no hay ni ghul ni olor de ghul! ¡No digas esas cosas para perdición nuestra! Mi esposo es un hijo de rey, tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Y me da de comer todos los días un carnero cebado".

El Joven ghul con la forma de la madre de Dalal miró de reojo a la joven y comprobando su lealtad, se dispuso a retirarse del lugar con el corazón regocijado.
Y recuperó su hermosa forma primitiva, y fue a llevarle un cordero, y a decirle.
 -¡Toma, manda guisarlo, Dalal!
Ella le dijo.
-Ha venido aquí mi madre. Yo no tengo la culpa. Y me ha dicho que te salude en su nombre.
El contestó.
-¡Verdaderamente, siento no haber venido un poco antes para encontrar a la abnegada esposa de mi tío!- Y mirándola amenazantemente acotó –tu madre a quien no le dirías nada sobre nuestras actividades recientes, ¿verdad?.
A lo que Dalal respondió.
-¿Cuales querido esposo?, todo ha sido normal y glorioso desde que vivimos juntos, que podría yo comentarle a ella que te inoportune?  
El ghul miró con satisfacción a su esposa y mientras terminaba de comer le dijo.
-¿Te gustaría también ver a tu tía, la hermana de tu madre?
 Ella contestó
-¡Oh! ¡sí!
 El le dijo.
-Está bien. Mañana te la mandaré.
Y he aquí que al día siguiente, cuando despuntó el alba, salió el ghul, se transformó en la tía de Dalal, y fue a llamar a la puerta. Dalal preguntó desde la ventana.
 -¿Quién es?
 El le dijo.
-¡Abre, que soy yo, tu tía! He pensado mucho en ti, y vengo a verte.
Y la joven bajó y le abrió la puerta. Y el ghul, disfrazado de tía, besó a Dalal en las mejillas, lloró largas y repetidas lágrimas, y dijo.
-¡Ah! ¡oh hija de mi hermana! ¡ah! ¡qué dolores y calamidades!"
Y Dalal preguntó haciéndose a la extrañada.
-¿Por qué tia?
La tía dijo:
-¡Ay! ¡ay! ¡ay!
La joven preguntó
-¿Dónde te duele, tía mía?
La tía dijo.
-En ninguna parte, ¡oh hija de mi hermana! ¡Es que sufro por ti! ¡nos hemos enterado de que el individuo con quien te casaste es un ghul!.
Pero Dalal contestó: "¡Calla, no digas esas cosas, tía! Mi esposo es hijo de un rey y sultán, como yo soy hija de un rey y sultán. Sus tesoros son mayores que los tesoros de mi padre. Y por lo que respecta a su hermosura, es comparable á la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar". Luego le hizo almorzar una cabeza de carnero, para demostrarle bien que en casa de su esposo se comía carnero y no hijo de Adán. Y el ghul se marchó, después de almorzar, contento y satisfecho. El ghul no dejó de volver bajo su apariencia de joven, con un carnero fresco para Dalal, y con una cabeza de hijo de Adán, recién cortada, para sí mismo.
Dalal le dijo.
-Ha venido mi tía a visitarme, y me encargó que te saludara
El dijo.
-¡Loores a Alah! Son muy amables tus parientes, que no me olvidan.¿Quieres mucho a tu otra tía, la hermana de tu padre?
Ella dijo intentando disimular sus nervios
-¡Oh sí! La quiero mucho!
El dijo
-Está bien. ¡Yo te la mandaré mañana, y después ya no volverás a ver a ninguno de tus parientes, porque temo a lo que ellos puedan hablar a los demás de nosotros. Dicho eso, Dalal se asustó mucho y aquel brillo de miedo y fría desesperanza que titilaba desde sus ojos fue captado por el ghul que sintiéndose satisfecho se regocijo para sí mismo desde su aparente rostro apacible.
 Al día siguiente el Ghul se presentó a Dalal bajo la forma de la tía, hermana de su padre. Y tras de las zalemas y los besos de una y otra parte, la tía lloró abundantemente y sollozó con mayor desesperación, y dijo:
-¡Qué desgracia y qué desolación ha caído sobre nuestra cabeza y sobre la tuya, ¡oh hija de mi hermano! Nos hemos enterado de que el individuo con quien te casaste es un ghul. Dime la verdad, hija mía, por los méritos de nuestro Mahomed (¡con El la plegaria y la paz!)"
Entonces Dalal presa del pánico no pudo guardar por más tiempo el secreto que la ahogaba, y dijo en voz baja, temblando y con lágrimas en los ojos.
-¡Calla tía, calla, no vaya a ser que nos deje él más anchas que largas! Figúrate que me trae cabezas de adamitas; y como los rehusé, se las come él solo. ¡Ah! ¡Tengo mucho miedo de que me coma el día menos pensado!"
En cuanto Dalal hubo pronunciado estas palabras, la tía tomó su verdadera forma, convirtiéndose en el ghul, uno de aspecto tan espantoso que le puso a rechinar los dientes a la joven del puro terror. Y con esa apariencia intimidante se acercó a Dalal y le dijo, sin enfadarse.
-¿Tan pronto descubres mi secreto, Dalal?
Y ella se arrojó a sus pies, y le dijo.
-¡Me pongo bajo tu protección! ¡Perdóname por esta vez!
Él le dijo.
-¿Me has perdonado tú delante de tu tía? ¿Y me dejaste con honor? ¡No! No puedo perdonarte. ¿Por dónde empezaré a comerte?
Ella le contestó.
-Ya que es absolutamente preciso que me comas, será porque ese es mi destino. Pero hoy estoy sucia; y será malo para tu boca el sabor de mi carne. Más vale, pues, que por de pronto me conduzcas al hammam (baño turco) para que me lave en honor tuyo. Y cuando salga del baño estaré blanca y dulce. Y el sabor de mi carne será delicioso para tu boca, y entonces podrás comerme, empezando por donde quieras". Y el ghul contestó: "¡Es verdad, oh Dalal!
Y en aquella hora y en aquel instante le presentó una tina grande para baño, y ropas de hammam. Luego fue a buscar a un ghul amigo suyo, a quien convirtió en un borrico blanco, transformándose él mismo en arriero. Puso a Dalal en el borrico, y salió con ella en dirección al hammam del primer pueblo, llevando a la cabeza la tina de baño.
Y al llegar al hammam dijo a la celadora del lugar.
-Aquí tienes para ti de regalo tres dinares de oro, a fin de que hagas tomar un buen baño a esta señora, que es hija de rey. Y me la devolverás como te la he confiado. Y entregó a Dalal a la portera, y se quedó afuera, ante la puerta del hammam.
Dalal entró en la primera sala del hammam, que era la sala de espera, y se sentó en el banco de mármol, muy sola y muy triste, junto a tu tina de oro y su envoltorio de vestiduras preciosas, mientras entraban en el baño todas las jóvenes, y se bañaban y se hacían dar masajes, y salían alegres, jugueteando entre ellas. Y Dalal, lejos de estar contenta como las demás, lloraba en silencio en su rincón. Y las jóvenes fueron hacia ella, y díjole cada cual.
 -¿Qué te ocurre, hermana mía, y por qué lloras? Levántate ya, desnúdate y toma un baño con nosotras".
Pero ella les contestó, después de darles gracias.
-¿Acaso el baño puede lavar las preocupaciones? ¿Acaso puede curar las penas sin remedio?
Y una añadió
- Siempre es tiempo de bajar al baño.
Entretanto, una vieja vendedora de altramuces y de alfónsigos tostados entró al hammam, llevando a la cabeza el cuenco de altramuces y alfónsigos tostados. Y las jóvenes le compraron de aquello, quién una piastra, quien media piastra, quién dos piastras. Y al fin, por distraerse un poco comiendo alfónsigos y altramuces, la entristecida Dalal también llamó a la vieja vendedora, y le dijo:
-Ven, ¡oh tía mía! y dame solamente una piastra de altramuces.
Y la vendedora se acercó y se sentó y llenó de altramuces la medida de cuerno de una piastra. Y Dalal, en vez de darle una piastra, le puso en las manos su collar de perlas, diciéndole:
-Tía mía, toma esto para tus hijos.
Y como la vendedora se deshiciera en cumplimientos y besamanos, Dalal le dijo:
-¿Querrías darme tu cuenco de altramuces y los vestidos rotos que llevas, y tomar de mí, en cambio, esta tina de oro para baño, mis alhajas, mis trajes y este envoltorio de ropas preciosas?"
Y la vieja vendedora, sin poder creer en tanta generosidad, contestó
-¿Por qué, hija mía, te burlas de mí, que soy pobre?
Y Dalal le dijo
-¡Mis palabras para contigo son sinceras, vieja madre mía!
Entonces la vieja se quitó sus vestidos y se los dio. Y Dalal se vistió con ellas en seguida, se puso el cuenco de altramuces a la cabeza, se envolvió con el velo azul hecho jirones, se ennegreció las manos con el barro del piso del hamman, y salió por la puerta en que estaba sentado su esposo el ghul.
La joven fingía su gritando con voz chillona y  temblorosa:
-¡Altramuces asados, que distraen! ¡Alfónsigos tostados que divierten"- como hacen las vendedoras de profesión.
Cuando estuvo ella lejos, el ghul, que no la había reconocido, percibió el olor de la joven con su olfato de ghul, y se dijo.
-¿Cómo es posible que el olor de Dalal resida en esa vieja vendedora de altramuces? ¡Por Alah, voy a ver a qué obedece!
Y gritó:
-¡Eh, vendedora de altramuces! ¡eh, la de los alfónsigos!
Pero como la vendedora no volvía la cabeza, se dijo él.
-¡Más vale que vaya a enterarme en el hammam!
Y fué a preguntar a la celadora.
-¿Por qué tarda en salir la señora que te he confiado?
La celadora contestó.
-En seguida saldrá con las demás señoras, que no se van hasta la noche, porque están ocupadas en depilarse, en teñirse los dedos con henné, en perfumarse y en trenzarse los cabellos.
Y el ghul se tranquilizó, y de nuevo fué a sentarse a la puerta. Esperó pacientemente a que salieran del hammam todas las señoras. Y la celadora de la puerta salió la última, y cerró el hammam. Y el ghul le dijo.
-¡Eh! ¿qué haces? ¿Vas a dejar encerrada a la señora que te he confiado?
La mujer dijo:
-Pero si ya no hay nadie en el hammam, a no ser la vieja vendedora de altramuces, a quien dejamos dormir todas las noches en el hammam, porque no tiene una yacija.Y el ghul cogió a la celadora por el cuello, y la zarandeó y estuvo a punto de estrangularla. Le gritó:
-¡Oh alcahueta! ¡tú responderás de la señora! ¡Y a ti te la exigiré!
Ella contestó.
-Yo soy celadora de ropas y babuchas, pero no celadora de mujeres.
Y como le apretara el más fuerte el cuello, se puso a gritar:
-¡Oh musulmanes, socorredme!
Y el ghul empezó a pegarla, mientras de todas partes acudían los hombres del barrio. Y gritaba
-¡Aunque esté en el séptimo planeta, me la tienes que devolver!, ¡oh, instrumento de zorras viejas!
 Y esto es lo referente a la vieja celadora del hammam y a la vieja vendedora de altramuces.
¡Pero he aquí ahora lo que atañe a Dalal! Una vez que salió del hammam y consiguió burlar la vigilancia del ghul, siguió andando para volver a su país, andando perdida en medio de la desolación del desierto. Y cuando estuvo a bastante distancia de la ciudad, encontró un arroyuelo en donde se lavó manos, cara y pies, y se dirigió a una morada que se erguía muy cerca de allí, y que era el palacio de un rey y allí se desplomó agotada por el cansancio.
Se sentó junto al muro del palacio. Y una esclava, que había bajado para hacer un recado, la vio y subió a decir a su señora: "¡Oh mi señora! si no fuera por el miedo y el terror que te tengo, te diría sin temor a mentir, que abajo hay una mujer más bella que tú".


La señora contestó: "Está bien. ¡Ve a decirle que suba!"
Y la esclava bajó y dijo a la joven Dalal:
"Hey tu! Ven arriba ¡oh señora! a hablar con mi ama".
Pero Dalal contestó
-Oh como me gustaría, pero presa del turbación soy y aquello me impide moverme, a quien pueda liberarme de este temor seguramente mis extremidades responderán, pero mientras tanto desgraciada estoy puesto que aquel monstruo debe estar viniendo en mi búsqueda y yo en estas circunstancias.
Y la esclava se fue a contar a su señora lo que Dalal le había dicho. Entonces la dama llamó a su hijo, el hijo del rey, y le dijo.
-Baja entonces tú y trae a aquella dama que está abajo, que parece paralizada del miedo.
Y el joven príncipe, que por su hermosura era semejante a la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar, bajó en busca de la joven que yacía postrada con los viejos ropajes, y le dijo: "¡Oh señora! ten la bondad de subir al harén de mi madre la reina". Y al verlo Dalal no supo dar crédito a lo que sus ojos revelaban, aquel joven era tan hermoso como la estrella Canopea cuando brilla sobre el mar. Cosa que le hizo temblar y adolecer. El príncipe sin entender se acercó a ella y le miró con tiernos ojos y le dijo “Mi madre la reina está arriba, con todo su harem, ya no correrás peligro estimada dama” y al escucharle pudo comprender que se trataba del verdadero príncipe Canopeo y de buen corazón y aceptó diciéndole.
-Contigo subiré, porque eres hijo de adan, de un rey y sultán, como yo soy hija de adan, de un rey y sultán.
Y aliviada subió las escaleras delante de él.
He aquí que, no bien el joven príncipe vió a Dalal subir las escaleras, tan hermosa, el amor por ella le invadió el corazón
Y por su parte, el alma de Dalal se conmovió a la vista del joven príncipe. Y a su vez, la dama esposa del rey, cuando vio a Dalal, dijo para sí.
-Eran exactas las palabras de la esclava. Es más hermosa que yo, en efecto.
Así es que, después de las zalemas y cumplimientos, el hijo del rey dijo a su madre:
-Quisiera casarme con ella, porque es evidente que se trata de una noble princesa con sangre de reyes". Y la madre le dijo.
-Eso es cosa tuya, hijo mío. Tú debes saber lo que haces.
Y el joven príncipe, le expresó a Dalala el deseo de casarse con ella y ella aceptó, ese mismo día el príncipe llamó al kadí, y en aquella hora y en aquel instante hizo extender el contrato de matrimonio y celebrar sus nupcias con Dalal. Y entró en la cámara nupcial.
Pero ¿qué fue del ghul mientras tanto? Helo aquí.
El mismo día en que se celebraron las bodas, un hombre que conducía un carnero blanco muy grande, fue a decir al rey, padre del príncipe.
-¡Oh mi señor! soy un feudatario, y te traigo de regalo, con motivo de las bodas, este gordo carnero blanco que hemos cebado. Pero hay que tener atado este carnero a la puerta del harén, porque ha nacido y se ha criado entre mujeres, y si le deja abajo, balará toda la noche y no dejará dormir a nadie.
Y el rey dijo.
-Está bien, lo acepto- Y dió un ropón de honor al feudatario, que se marchó por su camino. Y entregó el carnero blanco al agha del harén, diciéndole- ¡Sube a atar este carnero a la puerta del harén, porque no le gusta estar más que entre mujeres!
Y he aquí que, cuando llegó la noche de bodas, el hijo del rey entró en la cámara nupcial y se durmió al lado de Dalal, y una vez estuvieron juntos, el príncipe salió al escuchar un ruido que provenía de el pasillo que quedaba cruzando el harem. Una vez hecho esto, el carnero se despertó, rompió su cuerda y entró en la habitación agresivamente y tomando su maliciosa forma humana, se acercó a Dalal, que al verlo se horrorizó, el Ghul, agarró a Dalal por los hombros. Y la sacó al patio pidiéndole silencio con perspicacia. Le dijo, sin enfadarse:
"Dime, Dalal, ¿me has dejado aún algo de honor?"
Ella le dijo: "¡Bajo tu protección! ¡No me comas!”
Él le dijo relamiéndose: "¡De esta vez no pasa!"
Entonces le dijo ella: "Antes de comerme, espera a que entre en el retrete del patio para hacer una necesidad". Y el ghul que detestaba la suciedad dijo: "Está bien". Y la condujo al retrete y se quedó guardando la puerta en espera de que acabase.
No bien Dalal estuvo dentro del retrete, elevó ambas manos, y dijo.
-¡Oh Nuestra Señora Zeinab, hija de nuestro Profeta bendito! ¡oh tú, que salvas de la desdicha, ven en mi socorro!"
Y al punto le envió la santa a la que había aclamado una de sus más poderosas secuaces entre las hijas de los genn, que hendió el muro, y dijo a Dalal.
-¿Qué deseas, Dalal?
 Y Dalal contestó.
-Ahí fuera está el ghul, que va a comerme en cuanto salga.
La aparecida dijo.
-Si te libro de él, ¿me dejarás besarte una vez?
Dalal dijo que si.
Entonces la gennia de Sett Zeinab hendió el tabique del patio, y cayó bruscamente sobre el ghul, aprisionandolo contra sus agiles brazos. El ghul viéndose atacado intentó luchar contra la gennia, pero esta era muy diestra y portaba armas muy poderosas.
La gennia no tardó en reducirle con sus propias manos y el ghul ya no pudiendo aguantar más su farsa cambió de forma con la intensión de herirla con sus cuernos, garras y colmillos, tomando la más atemorizante figura que alguna vez hayan mirado los ojos de mortal alguno, opuso resistencia. La poderosa gennia intentaba inmovilizar al monstruo en el piso mientras sacaba un cetro de sus ropajes y lo elevaba en alto, después de pronunciar unas palabras, ella pudo poner uno sus pies sobre el ghul que se retorcía y con la fuerza del cetro le dio de patadas que le reventaron las carnes y llenaron todo el lugar con su roja sangre. La semi- diosa tenía uno de sus brazos dentro de las entrañas del ghul que se encorvaba y se lastimaba. Finalmente cayó él, muerto de repente.
Entonces la gennia volvió al retrete y cogió a Dalal de la mano y le mostró al Ghul, tendido en la tierra, desfigurado y sin vida. Luego le sacaron del patio y le echaron al foso. ¡Y esto es, en definitiva, lo referente a él!
Y la gennia besó a Dalal una vez en la mejilla, y le dijo.
-Ahora, Dalal, voy a pedirte un servicio
Dalal contestó
- A tus órdenes, querida.
La gennia dijo.
-¡Deseo que vengas conmigo, solamente por una hora, al mar de Esmeralda!
Dalal contestó.
-Está bien. Pero ¿para qué?"
La gennia contestó.
-Está enfermo mi hijo, y ha dicho nuestro médico que no se curará más que bebiendo una escudilla en el mar de Esmeralda. Pero nadie puede llenar de agua una escudilla en el mar de Esmeralda, a no ser una hija de los hombres. Y aprovecho el haber venido a verte para pedirte ese servicio.
Y Dalal contesto.
-Por encima de mi cabeza y de mis ojos, con tal de estar aquí de regreso antes que se levante mi esposo.
La gennia dijo.
-Desde luego.

Y la hizo montarse en sus hombros y la llevó a orillas del mar de Esmeralda. Y le dio una escudilla de oro. Y Dalal llenó la escudilla con aquella agua maravillosa. Pero, al retirarla, una ola le mojó la mano, que inmediatamente se le puso verde como el trébol. Tras de lo cual la gennia hizo subir de nuevo a Dalal en sus hombros, y la dejó en la cámara nupcial junto al joven. Y esto es lo referente a la secuaz de Sett Zeinab (¡con ella la plegaria y la paz!)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario